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QUINQUELA INMORTAL

Feb. 21 (1R) - Es de público conocimiento que el pintor Benito Juan Martín, popularmente conocido como Quinquela, fue un emblemático hincha de River. A continuación repasamos el significado de sus murales, ubicados en la Confitería “La Máquina”.

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Fue el artista más grande de la historia Argentina y, por supuesto, su vínculo con El Más Grande tiene un por qué que amerita ser contado. Abandonado en un orfanato, contó con la adopción de Manuel Chinchella y Justina Molina, quienes le transmitieron los valores de la vida y las herramientas para sobrevivir a una urbe convulsionada.

Tal como su padre, un inmigrante que descargaba bolsas en el puerto de Buenos Aires, Benito comenzó a rodearse del carbón que servía para la combustión de los barcos. Por eso se puede apreciar, en uno de sus murales, a la gente trabajando sin cesar en el afán de ganarse el pan de cada día. En sus ratos libres, disfrutaban de jugar al fútbol.

Su hábitat natural fue el barrio de La Boca, donde conoció al italiano Alfredo Lazzari, quien le enseñó a pintar al aire libre. Sus raíces de familiaridad con River brotaron de la amistad con Leopoldo Bard y el resto de los socios fundadores del club. Incluso honró la pasión, a flor de piel, del hincha riverplatense en las calles.

El ex Jefe de Prensa de la institución, Norberto González, detalló más acerca de su fanatismo: “Retrató desde la Carbonera Wilson hasta la modernización. Ahí también está la cara de Bernabé, porque un día vino a observar a Quinquela y éste se lo prometió”, explicó allá por 1960. Y es así, una suerte de estatua del ex delantero aparece en una de las pinturas del “Mosquito”, como lo apodaron por su esbelto físico.

Además de la figura del “Mortero de Rufino”, la obra de arte presenta a los barcos “Santa Rosa” y “Las Rosales”, cuyos nombres sirvieron para la unión de los dos clubes que dieron origen al Club Atlético River Plate. También ilustró al pueblo Millonario de festejo –por su primer campeonato– con bombos, banderas, trompetas y laureles, acompañados de carteles que rezan lo siguiente: “Arriba River Plate ¡campeones!”, “Siempre River” y “Dos pepinos ¡River!”. Desde los balcones y en las inmediaciones del puerto, el festejo se multiplicó por doquier. Los almacenes navales con diversas nomenclaturas tampoco fueron olvidados a la hora de darle vida a su creación.

Ambas genialidades son valoradas por su estética y, por consiguiente, desde Europa ofrecieron U$S 1.800.000 por cada una. La respuesta fue un “no” rotundo. No había posibilidad de desprenderse de tamaño tesoro artístico. Por suerte, podemos contar con semejante regalo dentro de nuestra institución.

Copyright © 2012 – Lucas Ajuria - 1RIVER - Buenos Aires - 21 de febrero de 2016

Notas y entrevistas Antonio Casellii
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